lunes, 3 de junio de 2019

Brumas del Pasado de Margarita Hans


"Lo único que añoro en este instante es mirar por ese gran ventanal y observar ese cielo sereno y brillante. 
Casi puedo observar desde aquí como se mueven las hojas de los arboles con el viento".

Me toca hoy reseñar, no es algo que me guste principalmente, pues ello implica el juzgar la obra de otros, cosa que no se me da precisamente bien.

Tercer libro de Margarita, que en apenas un año vuelve a estar presente en el mercado. Margarita Hans, la que nos sorprendiera a todos con su opera prima "Estatuas de Sal".

Novela de estilo diferente a la primera, más pausado y de ritmo mucho más lento, aunque mucho más diáfano y ligero.

En principio da la sensación de que no se avanza en la trama, intercalando esas típicas escenas cotidianas que tanto obsesionan a la autora. Consiguiendo confundir nuestra realidad con la novela, en la que parece que todo cuanto se relata nos estuviera sucediendo a nosotros. Nada es extraordinario, todo fluye en un entorno demasiado inmediato; de ahí lo inquietante.


"Has olvidado nuestra melodía, amor.
Ni el tiempo, ni la muerte, conseguirán separarnos jamás".

Dicha característica es la que más me gusta, aunque en principio reconozco que llega a descolocarme, acostumbrados como estamos a la acción inmediata, a ese preámbulo que nos haga introducir de golpe en la historia. 

Pero nada de eso sucede, Margarita regodea ofertándonos un primer guiño, para luego retirarse esquivando a conciencia la trama. Puliendo a unos personajes que progresivamente va introduciendo en nuestro entorno; todo demasiado familiar diría yo.

En ello descubrimos una manera de manejar el argumento de manera extraordinaria, ya que cuando menos lo esperamos; la acción comienza a despegar con parsimonia, como si arrancásemos un motor diésel en las mañanas frías de invierno. 

Le preceden pequeños apuntes, intrigas y enredos, los justos y necesarios para mantenernos despiertos. Y ahí es donde reconocemos el mismo estilo con que ejecuta su primer libro; mantener al lector suspendido en un entramado de lo más ordinario, pues la vida es envuelta en un sopor de lo que nada es cuanto aparenta ser.

Hasta que en un momento dado, la autora decide milimétricamente que es el instante apropiado para comenzar a desenredar la madeja. 

Entonces el ritmo se acelera, tanto que ya estamos atrapados y no podemos soltar el libro, y lo que no parecía dar para mucho acaba en todo lo opuesto. Mitologías, playas paradisiacas, enigmas y un suspense envuelto en ese estilo aterciopelado típico de la autora.


"Mi abuelo y yo vamos cada tarde al río.
Él ya no está para pescar mucho, pero nos sentamos junto a la orilla y disfrutamos del momento, tan solo uno junto al otro.
Es una sensación llena de paz".

Se echa de menos algo de sangre y de tragedia, pues es bien sabido que el malo de la novela es quien dota de color a la misma.

Concluyo que nos encontramos ante una de las grandes promesas de la Literatura Andaluza con mayúsculas, que debe ir a más sin duda, pues su carrera no ha hecho más que comenzar. 

Sus lectores le debemos exigir a que se atreva a relatar sus fantasmas y miedos sin tapujos, esos que tanto teme de enfrentar, que no se justifique tanto, y que ataque cuando tenga que atacar, como en las viejos films del oeste.  





(Pincha sobre la frase)


La literatura consiste en el arte de describir las situaciones  y elementos; ya sean del modo que sea, sin importar el estímulo ni la decencia.

Siendo lo más importante la seguridad y verdad que transmite, en este caso, la autora entre sus letras por lo que esperaremos su nuevo trabajo con avidez. Tan solo le daré un consejo de amigo; y es que mate a quien tenga que matar sin remordimiento alguno. 

En el genero de la novela, a veces, hay que coger el cuchillo entre los dientes, constituyendo el placer máximo para el que escribe y el que lee.


domingo, 26 de mayo de 2019

Cartas a Thyrsá; Reseña para l@s lector@s




“El corazón del Bosque es una fuente,
donde parte de la piedra apenas se aprecia,

debido a la densa vegetación que la enmaraña y sostiene.”

“El corazón del Bosque es un claro,
un lugar fascinante donde los hechizos se respiran y se sostienen,
 un lugar reservado para el descanso 
y paseo de las damas de Casalún”

Estimados lectores, os recomendaría mi libro tan solo para quienes deseen y se atrevan a introducirse en un mundo cautivador y absorbente, un lugar de ensueño y un reino de fantasía sin límites ni engaños.

He intentado que Cartas a Thyrsá sea reflejo de cada uno de nosotros, un lugar que no se cuestione desde el mundo que habitualmente nos rodea y sin embargo nos fascine a su vez, pretendiendo que todo cuanto se narra en el libro nos suene tremendamente familiar.

Todo cuanto se menciona en estas páginas ha sido vivenciado por este que os escribe, y aunque percibáis lugares de ensueño, bosques sagrados, fuentes, animales mitológicos, hadas y seres surgidos de las leyendas más antiguas, habéis de tened en cuenta que yo lo he percibido así, siendo una realidad incuestionable. 


El motor de la historia podría definirlo como la búsqueda del amor en el sentido más amplio de la palabra; 

Todo para ella es él y todo para él es ella…

Un largo caminar desde donde se describen castillos, montañas, cavernas, valles y ríos. Paisajes por donde he ido transitando a lo largo de mi vida, por lo que puede que alguno de estos nombres nos suenen tremendamente familiares, ahí está el truco; que la magia traspase siempre las letras.

Os propongo un extenso viaje, he intentar a su vez que el mundo de Thyrsá llegue a vuestros corazones y se quede allí para siempre, ya que esta no es una historia de las que se leen y guardan en el olvido. Os propone el amor como propuesta y forma de vida, un libro colmado de anhelos y esperanzas.

Que a mis lectoras, sea mi querido pueblo de Casalún quienes las proteja y guarde para siempre, y que a ellos, mis lectores y mis hombres, sea La Roca su lugar de descanso y refugio;
no os dejo un libro, os propongo un universo.







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domingo, 19 de mayo de 2019

Búhos


Para mis Buhítas preferidas que habitan en 



A mi imaginario llegan los búhos como eternos acompañantes de las brujas y hechiceras, así tal como suena; "me pringo", como decimos por el sur. 

Seres de la noche por excedencia, más bien estáticos, grandes observadores, redondos que ofertan placidez y a su vez, algo de descaro. Eternos compañeros de la diosa Atenea, símbolo más que de la filosofía, yo diría que del conocimiento profundo.

Puedo decir que tras la experiencia de vivir con ellos, sus grandes ojos son lo que más me ha impresionado, muestran un espejo donde uno se refleja colmado de inquietud, despertando el sentimiento del observador observado. 


Tardé en averiguar que sucedía en mi jardín, que cierto día y al hacerse la noche se llenó de graznidos repentinamente. Fueron sus deposiciones las que me alertaron de que algo vivía conmigo, pensé en una especie de alien, luego en un  mono, hasta que descubrí el primero de ellos. 

A partir de entonces, y siempre muy despacito, fueron saliendo de entre el follaje la mar de curiosos. Mantuvimos a partir de ese día cierta relación, donde la comunicación principal consistía en ser objeto de su observación, lo reconozco.


Me solía sentar en el sillón que me había fabricado con ladrillos antiguos y leía obras preferiblemente de fantasía, hasta que el macho, mas esquivo de todos revoloteaba acercándose. Para luego aposentarse en las ramas mas cercanas. 

Entonces comenzaba ese extraño balanceo, una especie de baile ritual por parte del resto. Yo contento me decía a mi mismo; 
- ¡Ya están danzando!


Esperaba con ansiedad que llegase la luna llena, intuía que podía suceder algo, una especie de hechizo, pero se marcharon antes. Partieron, ha sido un regalo todo este tiempo compartido, la casa se llenó de magia, tal como si hubiesen llegado a visitarme tras un largo viaje. 

Puede que la publicación de un libro tan mágico como "Cartas a Thyrsá" haya sido la causa. Yo quiero pensarlo así; de que el libro tiene una relación directa con su visita, pues llevo 18 años viviendo en el campo y nunca me había sucedido nada semejante. 

Mi gratitud con ellos, las puertas de casa permanecerán abiertas aguardando su regreso.


lunes, 13 de mayo de 2019

Alicia Liddell tras el Espejo - 2ª Parte -



"No sé quién eres, pero no eres mi Alicia.
Mi Alicia me creería".


El sombrerero loco

Nacida el 4 de mayo de 1852 en Westminster, Londres y murió un 16 de noviembre de 1934 a los 82 años en Westerham, Kent, Inglaterra. Alice Liddell fue la cuarta de los diez hijos de Henry Liddell, decano de Christ Church, Oxford y su esposa Lorina Hanna Liddell. 



Como ya os conté, la familia Liddell se mudó a Oxford en 1856. Poco después de esta mudanza, Alice conoció a Charles Lutwidge Dodgson (Lewis Carroll), en un encuentro fortuito mientras fotografiaba la catedral el 25 de abril de 1856. Convirtiéndose en un amigo cercano de la familia Liddell en los años siguientes. Alice era tres años menor que Lorina y dos años mayor que Edith, y las tres hermanas eran compañeras constantes de la infancia.

Más tarde, cuando Harry fue a la escuela, Alice y su hermana menor Edith se unieron a la fiesta, Lewis entretenía a las niñas contándoles historias fantásticas para pasar el tiempo. También los utilizó como para su hobbit, la fotografía.

A menudo se ha dicho que Alice era claramente su tema favorito en estos años, pero hay muy poca evidencia que sugiera que esto sea así, pues nos faltan las páginas de los diarios de Lewis del 18 de abril de 1858 al 8 de mayo de 1862, que fueron supuestamente arrancadas por algún familiar.

Cuando Alice Liddell empezó a crecer, Carroll además de retratarla empezó a salir con ella y sus hermanas, siempre con el permiso de los padres. En la correspondencia entre ambos, que no se encuentra completa, aparecen algunas carta y recuerdos de Alice en los que rememora las caminatas ambientadas por narraciones de Carroll.

Pero algo sucedió entre ellos dos, un hecho incógnito hasta ahora y que rompió la amistad de Lewis Carroll con la familia de Alice Liddell. La única carta que se recuperó fue una en la que el padre de la niña le pide que se aparte de la menor. Todo tipo de conjeturas se han creado en torno a esa separación repentina, algunos dicen que Carroll le pidió matrimonio a Alice y esos motivó el disgusto de los padres, el escritor tenía 31 años mientras ella apenas llegaba a los 12, algo que parece una evidencia, tras las últimas investigaciones de su biografía y como ya expusimos anteriormente.


Fue un episodio desconocido, que aún nadie ha podido concretar de manera fehaciente. Unas páginas del diario de Charles, las que se referían a los días en los que se produjo el supuesto conflicto, desaparecieron con el tiempo. Mucho después, se descubrió una nota escrita al parecer por una sobrina del escritor, en la que aclaraba que su tío se había enamorado de la institutriz de los hijos de los Liddell. Además de esta hipótesis, se barajaron otras más truculentas como una posible relación entre Lewis y Alice o alguna de sus hermanas.


También es posible que al existir una fotografía de Lorina completamente desnuda fuese esta la causa del conflicto entre la familia Liddell y Lewis.

Fuera por la razón que fuese, lo cierto es que aquella relación de amistad terminó de manera abrupta, aunque Alice mantuvo relación epistolar con Charles, quien pasado el tiempo, convertido en Lewis Carroll, disfrutaría del éxito de su relato, retitulado como Alicia en el país de las maravillas.




Años más tarde Alice Liddell posó para Margaret Cameron una docena de veces en agosto y septiembre de 1872. Contra un denso fondo de follaje y adornado con flores, representando la encarnación de la abundancia fructífera; Pomona, la diosa romana de los jardines y los árboles frutales.



También tenemos referencias de que Alice, emprendiera una gran gira por Europa con Lorina y Edith. La historia dice que despertó cierto interés romántico del Prince Leopoldo, el hijo menor de la reina Victoria.

Es cierto que años más tarde, Leopoldo nombró a su primera hija Alice y actuó como el padrino de Leopoldo, el segundo hijo de Alice.


Alice Liddell se casó con Reginald Hargreaves, jugador de cricket, el 15 de septiembre de 1880, a la edad de 28 años en la Abadía de Westminster .

Tuvieron tres hijos: Alan Knyveton Hargreaves y Leopold Reginald "Rex" Hargreaves (ambos murieron en acción en la Primera Guerra Mundial ); y Caryl Liddell Hargreaves, quien sobrevivió y tuvo una hija. Liddell negó que el nombre 'Caryl' estuviera asociado de alguna manera con el seudónimo de Charles Dodgson.



Alice se convertía entonces en una dama de la alta sociedad disfrutando de su hermosa mansión de Cuffnells, en Hampshire. Pero cuando el 14 de febrero de 1926 se quedaba viuda, tuvo que frenar en seco su tren de vida. Agobiada por las deudas, entre sus muchas pertenencias, se desprendió de aquel manuscrito que años atrás le regalara el profesor Lewis. 



El manuscrito alcanzó 15.400 dólares, casi cuatro veces el precio otorgado por la casa de subastas de Sotheby's. Más tarde se convirtió en posesión de Eldridge R. Johnson y se exhibió en la Universidad de Columbia en el centenario del nacimiento de Carroll.

Siendo en esta visita a los Estados Unidos, con 80 años de edad, cuando conoció a Peter Llewelyn Davies, uno de los hermanos que inspiraron a J.M. Barrie's para su obra inmortal; Peter Pan . ¿Os imagináis a Alicia y Peter Pan juntos?



Tras la muerte de Johnson, el libro fue comprado por un consorcio de bibliófilos estadounidenses y se presentó al pueblo británico "en reconocimiento del coraje de Gran Bretaña para enfrentar a Hitler antes de que Estados Unidos entrara en guerra". El manuscrito reside en la biblioteca británica .

Durante la mayor parte de su vida, Alice vivió en Lyndhurst y sus alrededores en New Forest .



Después de su muerte en 1934, fue incinerada en el Crematorio de Golders Green y sus cenizas fueron enterradas en el cementerio de la iglesia de San Miguel y Todos los Ángeles Lyndhurst .





sábado, 4 de mayo de 2019

Cartas a Thyrsá. - La fuente del agua que no cae -



La fuente madre del Bosque Powa se encuentra en él recodo de una gran roca, donde la piedra no es perceptible, debido a la densidad de vegetación que la cubre. 

El lugar parece encantado debido a los vapores que surgen del agua, la visión es poco nítida, los vapores y unas diminutas gotitas blancas hacen que la mirada se confunda.

El estanque de la fuente tiene forma oval y según se cuenta, no fue tallado por manos humanas. Encallada la gran roca con forma de canoa vacía, contiene en su interior un manantial en el cual se nivela el agua, llegando justo hasta el borde y donde de manera milagrosa se mantiene, sin verter ni una sola gota de líquido sobre el suelo. 




El corazón del Bosque Powa es un claro, un lugar fascinante donde los hechizos se respiran y se sostienen, un lugar reservado para el descanso y paseo de las Damas de Casalún.

A lo largo del frío invierno, el Claro de Transparencia se cubre por un ligero manto de escarcha, un fenómeno inusual debido a la altitud del terreno y al hallarse enclavado en la zona más oriental de la isla. Siendo entonces posible, percibir los vapores que emanan de la fuente. Obteniéndose así, la posibilidad de percibir las visiones que quedaron impregnadas en el inconsciente de cuantas bebieron de ella.



jueves, 25 de abril de 2019

Lewis y Alicia, el amor que nunca alcanzó el País de las Maravillas - 1ª Parte -


- Primera Parte -


Antes de atreverme a descomponer un libro tan confuso como Alicia en el País de las Maravillas, es preciso abordar la historia que dio origen al cuento, cómo y donde surgió. Siendo de suma importancia el desenlace de su autor, con la chica inspiradora de la historia.

Es una historia compleja, muy difícil de trasladar al formato blog, intentaré ser lo más escueto posible.



Comencemos por él, su verdadero nombre era Charles Dogson, conocido por su seudónimo literario Lewis Carroll.

Nos hallamos frente a un hombre de suma complejidad, desarrollando a lo largo de su vida múltiples facetas como; diacono anglicano, matemático, fotógrafo y escritor. 

Nacido en una familia donde los varones eran tradicionalmente miembros del ejército y de la Iglesia High Church anglicana, hijo de Charles Dodgson párroco rural, nacido una pequeña parroquia de Dareso, en Cheshire. 


Siendo el tercero de los hijos del matrimonio Dodgson, y el primer varón. Después le seguirían ocho hijos más y, lo que resulta más insólito para la época; que todos ellos, siete chicas y cuatro chicos, sobrevivirían hasta la edad adulta.

Cuando Charles tenía once años, su padre fue nombrado párroco de la localidad de Croft-on-Tees, en North Yorkshire, y toda la familia se trasladó a la espaciosa rectoría que sería la morada familiar durante los siguientes 25 años.

El joven Charles inició su educación en su propia casa. Las listas de sus lecturas conservadas por la familia, atestiguan su precocidad intelectual. 



Se ha contado que sufrió un trauma infantil cuando se le obligó a contrarrestar su tendencia natural al ser zurdo; no habiendo ninguna evidencia de que haya sido así. 

Sufrió además de un tartamudeo que tendría efectos perjudiciales en sus relaciones sociales durante toda su vida. 

También padeció sordera en el oído derecho a consecuencia de una enfermedad.

A los doce años fue enviado a una escuela privada en las afueras de Richmond, y en 1845, fue trasladado a Rugby School, donde fue evidentemente infeliz según sus propias palabras.



«Creo que por nada en este mundo volvería de nuevo a vivir los tres años que pasé allí. Puedo decir, honestamente, que si hubiese estado a salvo de la molestia nocturna, la dureza de la vida diurna se me hubiera hecho, en comparación, muchísimo más soportable».

Sin duda su paso por el centro Rugbi School marcó su vida, sufriendo la rudeza y crueldad, tanto por los maestros como por los compañeros de aula.
En 1851 se trasladaría a la universidad de Oxford, pero al cabo de dos días regresó a su hogar ya que su madre había muerto de meningitis a los 47 años de edad. 


A causa de su pereza, perdió una importante beca, pero, aun así, su brillantez como matemático le hizo ganar en 1857, un puesto de profesor de matemáticas en Christ Church que desempeñaría durante los 26 años siguientes.

Se le diagnosticó epilepsia, padeciendo de insomnio durante toda su vida, donde pasaba Lewis las noches enteras, despierto e intentando resolver problemas matemáticos. 





En 1856 descubriría algo que sería su gran afición por muchos años; la fotografía. Vivía en una pequeña casa de dos plantas, convirtiendo la planta alta en un estudio y laboratorio fotográfico, llegando a ser bastante reputada su valía en el arte de la fotografía.

Tomó más de 3000 fotografías de las que solo quedan unas 1000, haciendo retratos a gente prestigiosa como John Everett Millais, Ellen Terry, Dante Gabriel Rossetti, Julia Margaret Cameron y Alfred Tennyson.

Apasionado de la belleza y el arte en general, no encajó en la época victoriana que le tocó vivir. Siendo criticado por buscar la belleza como símbolo, estado de gracia, alegoría de la inocencia y de una edad de oro perdida. Creía en un dios bondadoso y no en un dios vengador. 


En 1856 llegó un nuevo decano a Christ Church llamado Henry Liddell, trayendo con él a su joven esposa y a sus hijas, que tendrían un importante papel en la vida de Lewis. 



Éste entabló una gran amistad con la madre y con los niños, especialmente con las tres hijas; Lorina, Alice y Edith. Parece ser que se convirtió en una especie de tradición para Lewis, el llevar a las niñas de picnic al río, en Godstow o en Nuneham.

En una de estas barcas, un 4 de julio de 1862 Lewis les conto la historia de Alicia; 

«Nos fue relatado en una tarde de verano en que el sol era ardiente, desembarcamos en una pradera y bajo un almiar repetimos el deseo de que nos contara una historia».

Siendo a Alice la que más le gustó el relato. Al regreso de la excursión Alice le pidió que pasara a papel el relato, le entregó la historia en las navidades de 1862, estando ilustrado de su propia mano.

Tres años más tarde, Lewis, movido por el gran interés que el manuscrito había despertado entre todos sus lectores, llevó el libro al editor Macmillan, a quien le gustó de inmediato. 

Tras barajar los títulos de Alicia entre las hadas y La hora dorada de Alicia, la obra se publicó finalmente en 1865 como Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas (Alice's Adventures in Wonderland), y firmada por Lewis Carroll. Las ilustraciones de esta primera edición fueron obra de sir John Tenniel.


Reservado y olvidado de la fama, escribió; 


"Toda esa clase de publicidad que me señala cono un león que odia ese mundo, es cierta. Pues tengo aversión a ser observado". 


Todo cuanto se va a relatar a continuación se basa en rumores, he de advertirlo.

Posible personalidad con traumas psicológicos desde la infancia, sin embargo buscaba algo que había perdido; la infancia inocente que vive entre dos mundos, dos universos paralelos a la vez. La realidad y la imaginación de los sueños.

También se dice que su mundo imaginario, bien pudiera ser debido a la ingestión de opio que componían los fármacos destinados para la artritis.




Lewis jamás tuvo relaciones amorosas, si tuvo amigas, pero no se le conoce ninguna relación que traspasara la amistad.

Hombre solitario de fértil imaginación, siendo posible que su tartamudez y aislamiento hicieran mella en una sexualidad castrada.

Siendo más que notorio que el escritor Vladimir Nabokov admitiera que su inspiración para la novela Lolita fue debido a la historia de Lewis Carroll con Alice.

Lewis quería casarse con Alice, eso ha quedado bastante demostrado, y su madre, preocupándole el afecto excesivo de este para con Alice, intervino, obligando a destruir todas las cartas que el profesor le había escrito a la niña. Hecho que causó el alejamiento de Lewis para con la familia.


La quería y quería a casarse con ella, eso se traduce del diario de ella. Él tenía treinta y un años, ella tan solo once, hombre extraño reprimido, pero nunca fue más allá. Digamos que a pesar de ese extraño comportamiento, nunca se saltó los límites. 



martes, 16 de abril de 2019

La Casa de la Luna


La Casa de la Luna


Existió una casa donde ni mujeres,
ni los hombres no podían llegar. 

Era este un sitio donde jóvenes tampoco podían llegar,
ni las niñas, ni los niños, ni las ancianas, ni los ancianos.

Era un sitio, repito; donde no se podía llegar.

Donde los coches, las autopistas, los trenes, los barcos,

ni los aviones incluso, podían llegar.


Érase de un sitio que no figuraba en ningún plano,
ni carretera, ni existía mapa que lo pudiese indicar. 


Era un sitio donde no existían los gritos, ni el dolor, ni la pena, 
ya que no se registraba el sufrir.


Érase un sitio donde no existía la propiedad, 
ni lo mío, ni lo tuyo.


Era un sitio donde se prohibía prohibir.

Era un sitio donde se hablaba con los ojos.

Era un sitio donde no era necesario perdonarse.

Era un sitio donde se podía amar hasta lo prohibido.



Érase de un sitio en donde amar lo prohibido no era prohibido, porque no se podía prohibir.


Era un sitio donde el corazón se hallaba siempre afortunado.

Era un sitio donde se hablaba y se besaba a la vez.

Era un sitio donde yo te desnudaba y tu me desnudabas.



Erase de un sitio donde no era necesario desnudarse, 
porque no era necesario vestirse.

Era un sitio donde no era necesario ocultar nada.

Era un sitio donde se sonreía sin labios.

Érase de un sitio donde el único pecado era no amar.


Era un sitio donde no existía pecado, 
porque estaba permitido amar.

Érase de un sitio donde la única frase permitida era:

"Perdóname porque te amo demasiado"

Era este un sitio donde no se podía llegar

Era este un sitio que no figuraba en planos ni mapas.


Érase un sitio donde no se podía llegar, 
porque siempre se estaba allí.



Ricardo Reina Martel ©