martes, 20 de junio de 2017

Fósforos, de Laura Esquivel






"Todos los espacios íntimos son los que se relacionan con la sensualidad, con la vida, con un orden mucho más cósmico"


Laura Esquivel

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Uno de los textos más hermosos que he leído nunca, fruto de una extrema sensibilidad y de una profundidad para expresar sentimientos difícil de igualar. El Texto pertenece al libro, "Como Agua para Chocolate" de Laura Esquivel.

He utilizado este texto en innumerables talleres y encuentros, disfrutadlo. Ideal para cierre o para momentos donde hay que parar y detenerse.

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Mi abuela tenía una teoría muy interesante; decía que todos nacemos con una caja de fósforos adentro, pero que no podemos encenderlos solos... necesitamos la ayuda del oxígeno y una vela. 


En este caso el oxígeno, por ejemplo, vendría del aliento de la persona que amamos; la vela podría ser cualquier tipo de comida, música, caricia, palabra o sonido que engendre la explosión que encenderá uno de los fósforos. Por un momento, nos deslumbra una emoción intensa. Una tibieza placentera crece dentro de nosotros, desvaneciéndose a medida que pasa el tiempo, hasta que llega una nueva explosión a revivirla. 



Cada persona tiene que descubrir qué disparará esas explosiones para poder vivir, puesto que la combustión que ocurre cuando uno de los fósforos se enciende es lo que nutre al alma. 




Ese fuego, en resumen, es su alimento. Si uno no averigua a tiempo qué cosa inicia esas explosiones, la caja de fósforos se humedece y ni uno solo de los fósforos se encenderá nunca.

- Si eso llega a pasar el alma huye de nuestro cuerpo, camina errante por las tinieblas más profundas tratando vanamente de encontrar alimento por sí misma, ignorante de que sólo el cuerpo que ha dejado inerme, lleno de frío, es el único que podría dárselo. -¡Qué ciertas eran estas palabras! Si alguien lo sabía era ella.


Desgraciadamente, tenía que reconocer que sus cerillas estaban llenos de moho y humedad. Nadie podría volver a encender una sola. Lo más lamentable era que ella sí conocía cuáles eran sus detonadores, pero cada vez que había logrado encender un fósforo de los habían apagado inexorablemente. John, como leyéndole el pensamiento, comentó:

-Por eso hay que permanecer alejados de personas que tengan un aliento gélido. Su sola presencia podría apagar el fuego más intenso, con los resultados que ya conocemos. Mientras más distancia
tomemos de estas personas, será más fácil protegernos de su soplo.-





Tomando una mano de Tita entre las suyas, fácil añadió:

- Hay muchas maneras de poner a secar una caja de cerillas húmeda, pero puede estar segura de que tiene remedio.



Tita dejó que unas lágrimas se deslizaran por su rostro. Con dulzura John se las secó con su pañuelo.

- Claro que también hay que poner mucho cuidado en ir encendiendo las cerillas una a una. Porque si por una emoción muy fuerte se llegan a encender todas de un solo golpe, producen un resplandor tan fuerte que ilumina más allá de lo que podemos ver normalmente y entonces ante nuestros ojos aparece un túnel esplendoroso que nos muestra el camino que olvidamos al momento de nacer y que nos llama a reencontrar nuestro perdido origen divino. El alma desea reintegrarse al lugar de donde proviene, dejando al cuerpo inerte…

Desde que mi abuela murió he tratado de demostrar científicamente esta teoría. Tal vez algún día lo logre......"






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