miércoles, 7 de junio de 2017

Angeline, la Princesa que miraba el mar.



Muchacha India,
Fotografía de Eduard S. Courtis.


"Importa poco donde pasemos el resto de nuestro días. No serán muchos. La noche del Indio promete ser oscura. Ni siquiera una simple estrella revolotea en su horizonte. 

Vientos de voz triste se lamentan en la distancia. Un triste destino parece estar en el camino del Hombre Rojo, y donde quiera escuchará los pasos que se aproximan de su cruel destructor y se prepara impasiblemente a enfrentar su destino, como hace el antílope herido que escucha los próximos pasos del cazador". 

Jefe Seattle




El 29 de mayo de 1896 con la muerte de Angeline, murió la última de los descendientes directos del gran jefe Seattle y cuyo nombre designa a la ciudad norteamericana de Seattle.

Hija de su primera mujer, también llamada kikisoblu. su madre murió al darle a luz.

Seattle, el jefe mítico autor de uno de los discursos del alma, más bellos que jamás se hayan escrito.


Fallecido el 7 de junio de de 1866, en la reserva Suquamish de Port Madison, Washington.

Jefe indiscutible de la tribu Duwamish, orador innato, hombre espiritual, líder y sabio por naturaleza, se cuenta que su voz era perceptible a media milla de distancia.

Ganó su reputación en el campo de batalla, combatiendo las incursiones del hombre blanco hasta verse obligado a negociar su traslado a las reservas.

Llegó hasta tal punto su fama que David Swinson ("Doc") Maynard, uno de los fundadores de la ciudad, fue el principal promotor de nombrar la ciudad en honor al Jefe Seattle. Previamente, la ciudad había sido conocida como Duwamps.




Jefe Seattle, padre de Angelina



Pero no es su historia la que me interesa en esta entrada, sino la de su hija Angeline, la última princesa.


Alrededor del año 1890 el fotógrafo norteamericano Eduard S. Courtis obtuvo en Seattle una fotografía casual de la princesa Angelina. 
Le interesaba por aquella época al fotógrafo, perpetuar la memoria de la vieja civilización india que agonizaba.

En 1855 el Tratado de Point Elliott obligaba a que todos los indios Duwamish abandonasen su tierra y se dirigiesen a las reservas, pero Angeline se negó en rotundo. Permaneciendo en Seattle, concretamente en una cabaña frente al mar en Western Avenue, entre las calles Pike y Pine, cerca de la actual mercado de Pike Place




Fotografía de Eduard S. Courtis

Curiosamente nadie le obligó a partir hacia las reservas, ya que su presencia fue respetada por los nuevos habitantes del lugar.

Con el paso de los años, la princesa Angeline, consumida por la miseria aceptó el dólar que le ofrecía Courtis por posar para él, resignada ante un futuro sin esperanza y sin ilusión de poder sobrevivir. 
Sin duda todos esos años de rezos y súplicas no habían surgido el efecto ni la llamada deseada, sin embargo si había conseguido ganarse el respeto y la consideración de los nuevos habitantes de la ciudad.

Angeline, la princesa Angeline como a ella le gustaba que le llamaran comúnmente, se había convertido en alguien ineludible para la nueva civilización que emergía devorando toda una ancestral forma de existencia. 

Angeline, siempre fue admirada, aunque quizás puede que dicha admiración no fuese motivada, más que por que cierto remordimiento, debido sin duda al genocidio y brutal trato por parte del hombre blanco a quien siempre había habitado allí. 

Admirada y en cierta manera respetada, fruto sin duda de aquella ciudad recién surgida por la invasión europea, en los alrededores de 1855.

Su figura se hizo familiar de las calles de Seattle, una mujer que debiera de hacer sido nadie, una figura de tantas empequeñecida, magullada, encorvada y consumida por la miseria,  Con un pañuelo rojo sobre su cabeza, un chal, caminando lenta y dolorosamente, ayudándose de un bastón de madera. 



Fotografía de Eduard S. Courtis

Siendo frecuente percibirla sentada sobre la acera, recitando devotamente viejas oraciones indias en principio, y mucho más tarde repasando cuentas sobre un rosario cristiano.

La bondad y la generosidad de la gente de Seattle hacia la hija del jefe indio se muestran en su funeral que tuvo lugar desde la Iglesia de Nuestra Señora del Socorro. Acudiendo una verdadera multitud a despedirla, siendo magníficamente decorada la iglesia y descansando el cuerpo sobre un ataúd en forma de una canoa india.

Sus restos reposan en el cementerio Lake View en el Capitolio, muy cerca de la tumba del mítico Bruce Lee. Siendo enterrada a petición suya, cerca de Henry L. Yesler, empresario y defensor de los miembros de la tribu Duwamish.





Tumba de la Princesa Angelina.

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