viernes, 14 de octubre de 2016

Los Túneles de Martín Ramírez (I)



"La pintura es materia encantada"

Apollinaire


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La imperiosa necesidad creativa de Martín Ramírez le empujaba a diario y como cualquier madrugada de 1940 a incorporarse de forma cautelosa y reservada; poder así recorrer en la oscuridad los largos pasillos del hospital DeWitt en Auburn, sede del condado de Placer County en California.

Hacía mucho que se habían apagado las luces del pabellón, allá sobre las ocho de la noche, pero el impulso transformador del genio hace imposible darse una tregua. "Se trata de una fuerza vital que nace bien sabe de donde y que es invisible" nos decía Antonio Blay.


Energía naciente de una fuerza primaria, que como diría Maslow; " La personalidad es la expresión de la fuerza vital del individuo, y, probablemente, la extensión de dicha fuerza al medio ambiente".


El caso es que Don Martín Ramírez hurgaba entre la basura, buscando papeles, trozos de cartón, cartulina, impresos… cualquier soporte digno para poder expresar, comunicar, huir, escapar…  


Ese acto que tanto nos recuerda a los últimos días de Odilon Redón; donde suplicaba por los mercados de frutas parisinos por un poco de papel de embalaje para poder dar testimonio de su poderosa expresión.

...Una vez gestionado el material, (Memorandos, sobres, cartas, vasos de papel aplanados, hojas de revistas, periódicos, libros…) pegaba los trozos que conformaría su obra con un adhesivo que el mismo elaboraba; y que según se cuenta se componía de patatas, migas de pan, avena... todo ello mezclado con saliva o mocos del autor.


Obviamente todo cuanto cayera en sus manos se convertía en material digno de ser utilizado; pues en el Hospital DeWitt no existían demasiadas posibilidades creadoras y el poco material aportado se mantenía en las dependencias de la ceramista Marie Deshene, encargada del área ocupacional del hospital.

Un espectáculo era pues en la madrugada del hospital, presenciar la imperiosa necesidad de Don Martín por dibujar, trazar, crear, establecer...

Sobrevivir al silencio, a ese vacío que marca la ausencia de disputa, confrontación, discurso o platica verbal, como diría Baudelaire; “Lo imprevisible convertido en necesidad”

Sobre los materiales o tintas diré que los montaba con lo que le venía de paso; algunas acuarelas, lápices de colores, tintes de zapatos y jugo extraído de alguna fruta… Concluyendo todo ello en una pasta grasienta a la que añadía avena.

De los pinceles; pues que los confeccionaba, transformando "asombrosamente" los palillos de fósforos usados.


Dada las grandes dimensiones de sus obras trabajaba directamente sobre el suelo y en cuclillas; en la posición usual que adoptan los hombres de campo mexicanos, mientras conversan o sencillamente se echan un cigarrillo. De vez en cuando y para poder apreciar en lejana perspectiva su obra, se subía sobre una mesa y desde allí observaba la evolución del trabajo.

Durante el día nos contaron que se fabricaba un refugio bajo las mesas para huir o mantener un espacio creador necesario, alejado de sus convecinos y delirantes acompañantes.

La originalidad de su técnica, su brutal capacidad productora y lo misterioso de todo lo que envolvía el asunto, atrajo el interés del personal del hospital. Doctores y enfermeros cenaban en el pabellón con la única intención de poder verlo trabajar.

La fama de Don Martín Ramírez cruzó la frontera del hospital, pues la noticia del misterioso pintor mudo llegó hasta los profesores y estudiantes de la Universidad de Arte de Sacramento. Y muchos artistas quedaron impresionados por el espectáculo que Ramírez ofrecía, por la manera que empastaba sus dibujos, por lo limitado de sus materiales más por el clima de demencia que envolvía toda realidad.

Sin duda por el concierto creativo que ofrecía un demente anónimo; un habitante de tierra de nadie.




¿En que mundo habitaba Don Martín Ramírez? 

¿Hacia dónde llevaban sus túneles?

¿Una frontera? 

Si, pero...

¿Hacia donde?


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