lunes, 12 de septiembre de 2016

La Puerta del Oráculo


Hace años hice un viaje largo por el interior de la península, cuyo final me llevó al monasterio de Santo Toribio de Liébana en Cantabria; motivado por unas láminas que se habían cruzado en mi camino. Los dibujos me impresionaron y removieron algo dentro de mí, revelando un sentimiento muy especial.

Todo comenzó en otro monasterio en el que pasé varios días; Santo Domingo de Silos en la provincia de Burgos, allí en su claustro observé unos relieves en los cuales unas imágenes representaban escenas de la pasión de Jesucristo, Esas imágenes mostraban una perspectiva y linealidad diferente a cuanto había visto. A pesar de ser una talla antiquísima trasladaba cierta contemporaneidad; un código que se había mantenido vigente cientos de años. Esas pupilas exageradamente abiertas y su sentido del ritmo me trasladaban a un lenguaje distinto. Las observé una y otra vez en silencio; llegando a la conclusión de que el escultor quería mostrar algo más de lo que aparentaba ser una simple representación de la pasión. Las siluetas, las simetrías, el equilibrio que emanaba del conjunto; sus ángulos y la increíble proporción que había utilizado el autor, desmontó la estructura sobre la cual había sostenido mi fe espiritual, y que por aquella época se hallaba más cerca de oriente. 

Paralelamente, en la pequeña tienda del monasterio descubrí unas láminas que me conmovieron nuevamente; descubriendo los Beatos que son códices o manuscritos; interpretaciones del libro del Apocalipsis. Cuyos primeros ejemplares se remontan al año 700. 

Extasiado por el descubrimiento proseguí mi viaje buscando reproducciones de los beatos  como si algo mágico tirara de mí. Burgo de Osma, San Millan de la Cogolla, San Pedro de Ardanza, el Escorial, la Huelgas ... un largo camino que tuvo su término en el valle del Liébana, a la búsqueda del primero; ese mozárabe que interpretó el final de los tiempos. .

Desde entonces no han dejado de fascinarme estos dibujos, llegando a la conclusión que son una especie de Tarot cuyas representaciones muestran algo mucho más profundo de lo que aparentemente parece ser. Con esta obra que actualmente se expone en Carmona "sello" mi nuevo mi vuelta a ese mundo fascinante de escribientes, copistas y místicos medievales.


El Misterio de los Siete Sellos.


El primer sello: un Caballo Blanco

En Apocalipsis 6:2, el apóstol Juan describe el primer sello como “un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer”.

El segundo sello: un Caballo Rojo

Al abrirse el segundo sello, Juan observa “otro caballo rojo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada” (Apocalipsis 6:4).

El tercer sello: un Caballo Negro

En Apocalipsis 6:5-6, el apóstol describe el tercer sello diciendo: “miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano. Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino”.


El cuarto sello: un Caballo Amarillo

Por último, Juan describe el cuarto jinete en Apocalipsis 6:8: “Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra”.

El quinto sello: Tribulación

“Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos” (Apocalipsis 6:9-11).


El sexto sello: Las Señales Cósmicas

Luego, al abrirse el sexto sello, Juan presenció “un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar” (Apocalipsis 6:12-14).



El séptimo sello: la ira y misericordia de Dios

La descripción del séptimo sello, que a su vez se compone de siete trompetas, comienza en Apocalipsis 8. Conocido también como “el Día del Señor”, este sello es el tema principal del libro del Apocalipsis. Representa tanto “la ira del Cordero” (Apocalipsis 6:16), que Cristo dejará caer sobre la humanidad por haber desobedecido la ley de Dios, como la misericordia de Dios, que el Padre mostrará enviando a su Hijo para establecer el Reino de Dios en la tierra.

Pero antes de que el séptimo sello sea abierto, Dios sellará a un grupo de 144.000 personas, que representan a las 12 tribus de Israel, y a otra “gran multitud” (Apocalipsis 7:3-4, 9).

Al abrirse el séptimo sello, las siete trompetas—que representan los castigos de Dios para la humanidad—se prepararán para sonar (Apocalipsis 8:6). Y, como leemos en Apocalipsis 9:6, cuando suene la quinta trompeta, el castigo ya habrá sido tan severo que “los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; y ansiarán morir, pero la muerte huirá de ellos”. De hecho, un tercio de la humanidad morirá durante la trompeta siguiente (v. 18).



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